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Aciertos y errores al hacer composta 

Errores al compostar

Errores al compostar

Cuando empecé a “disque” hacer composta vivía en casa de mis papás. Había una piedra grande en el jardín y detrás de ella vertía algunos restos que alcanzaba a rescatar de la cocina. La verdad es que no tenía tanta conciencia ni conocimiento ni compromiso por el medio ambiente como los tengo ahora. No sabía en realidad nada sobre compostaje sólo que había que separar los residuos orgánicos de los inorgánicos.

En ese entonces pensaba: si me como una manzana y tiro el corazón en un camellón o baldío, no pasa nada, se va a compostar de manera natural. Tiempo después descubrí que estaba equivocada.

Más tarde, cuando empecé a vivir sola hice una pequeña fuente en una esquina del jardín y cuando dejó de funcionar, empecé a aventar los residuos orgánicos detrás de esa pared que formaba un hueco triangular entre dos paredes. Luego me di cuenta que la tierra que se producía al descomponerse podría usarla de abono para mis plantas. Al arrojar los residuos en esa esquina no tenía forma de recuperarlos, era inaccesible.

Cuando se llenó el espacio detrás de la que fue la pequeña fuente compré dos macetas rectangulares medianas de plástico, no tenía idea del tamaño que necesitaría y las perforé en la base para dejar que saliera el lixiviado (agua que sueltan las verduras al momento de descomponerse).

Lo que descubrí

Al empezar a usar estos recipientes me di cuenta en realidad de la cantidad de comida que tiraba y la que se descomponía olvidada en el cajón del refrigerador. Comencé a dejar de comprar aquello que no consumía y a comprar lo que sí, pero en las cantidades que en realidad necesitaba.

Los recipientes los tenía expuestos al sol al igual que los residuos y les echaba mucha agua porque quería que se hiciera “rápido” la composta y después empezaba a oler terriblemente.

Así fue como investigué en internet y descubrí el porqué del olor. Los residuos no se estaban compostando ¡se estaban pudriendo! y generando metano, es decir, más contaminación de la que yo pretendía disminuir. El problema era el exceso de humedad y la falta de oxigenación. Empecé a revolverla una vez a la semana o cuando empezaba el olor a amoniaco, me recordaba el aroma de los tintes de pelo (era el metano), volteaba las macetas y las extendía por el jardín para oxigenarlo y luego lo volvía a meter a las macetas.

Cuando estas se llenaron empecé a hacer más composta en una orilla del jardín pegado a una pared. Lo cubrí con bolsas de plástico negras para mantener el calor y la oscuridad para que los microorganismos pudieran trabajar.

Labor social

Hablé con las vecinas de las casas contiguas y les pedí que me dieran sus residuos. Dejé una cubeta de 20 litros en la entrada de casa para que ellas dejaran allí sus restos. Al finalizar el día los recopilaba y echaba a la composta. Comencé a checar la humedad y a revolver cada semana. Me di cuenta que cuando le dedicaba de diez a veinte minutos cada semana me relajaba, así que no me costaba ningún esfuerzo extra y conseguía además de tranquilidad, abono gratis para mis plantas.

Después el espacio nuevamente se hizo pequeño, ya no era suficiente. Conseguí dos contendores de madera. Desechos de una tarima de importación, cada una de 1 x 1.2 x 0.40 m de alto y los estuve llenando por alrededor de 3 años. En el transcurso de este tiempo una amiga comenzó a traerme también sus desperdicios. Estaba gestionando los residuos de 13 personas pero nunca terminaban de llenarse los recipientes, así que comencé a gestionar un poco de las podas de casa de mi mamá y mi hermana. Finalmente terminé por no caber.

Algunos contratiempos

Apareció una plaga de mosquitas de la fruta. Empecé a notar como se incrementaban de manera abrumadora. Aparecieron manchitas negras en las paredes y manchitas blancas en los espejos. Así duré como 2 semanas, no sabía de dónde ¡demonios! venían. Al investigar nuevamente lo descubrí, al echar los residuos orgánicos en las composteras estaban quedando al descubierto, faltaba cubrirlas con restos cafés o secos. Las mosquitas se estaban reproduciendo entre la humedad de los desechos. Compré aserrín y cubrí toda la compostera. Poco a poco las mosquitas se fueron retirando y solucioné el problema. Me preocupaba que las mosquitas entraran a las casas de mis vecinos y estaba apenada con ellos. Afortunadamente no hubo reclamos y resolví la situación relativamente rápido.

Los ratones en realidad no han sido problema, he tenido algunos y ha sido porque no tengo cubiertos los recipientes. Atrás de mi casa hay un baldío por lo que incluso antes de hacer la composta los tenía de inquilinos en algunas ocasiones. La única forma de atraparlos ha sido con trampas de pegamento. Intenté con las antiguas del tipo de las caricaturas de Tom y Jerry pero no funcionaron. Como llevo a cabo la Permacultura no puedo utilizar ningún veneno. Además, eventualmente podría llegar a la composta o a mi pequeño huerto orgánico.

Amor por la composta

La compostera más reciente la acabo de construir y puede contener alrededor de 1 m3 de residuos. Mide 1.80 x 0.60 y 0.90 m de alto. Tiene tres compartimientos. Las paredes intermedias son de malla de gallinero para que la lombriz roja californiana que agregué se pueda desplazar de una división a otra hacia donde haya residuos que ellas puedan comer y me ayuden a convertirlo en humus. Aquí hago lombricomposta . Según mi experiencia, en las condiciones en donde yo las tengo la composta se logra un 20 a 30% más rápido. También dependerá del clima.

Como en cualquier proceso de aprendizaje he tenido múltiples problemas pero he aprendido porque empecé, me animé a equivocarme y a mejorar durante el proceso resolviendo las situaciones que se me iban presentando. Nadie es perfecto. Es mejor empezar y hacerlo mal, a no empezar. Como lo dice la Permacultura: en el problema está la solución. Cada problema es una oportunidad para mejorar. 

Si esto te ha animado puedes ver consejos para hacerla en ¿Cómo hacer tu composta?

 

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